Desde el misterioso anonimato, alguien nos envía este poema inspirado en su infancia vivida al parecer por ahí por la Casa Colorada, más conocida en la actualidad como “dónde el Chino Robles”, lugar en que también vivió su tierna infancia cierto webmaster.
En fin, el poema está bien bueno y habría sido escrito por el hermano del anónimo que lo envió.
Olor a niñez
I
Hoy recorrí el viejo huerto,
Como antaño, como entonces.
Era otra perspectiva,
Pero los mismos olores.
Y entre paltos y granados,
Zapallos y durazneros,
Volví un instante al pasado
Tras un viejo limonero.
Y pude probar los higos,
Como antaño, como entonces.
Sacados del mismo árbol
Que alguna vez me diera un golpe.
Recordé cuando subía
Por las ramas muy valiente,
En busca de higos o brevas
Que eran un grato deleite.
Mi viejo se sentó un rato.
Mi hija cogió un durazno,
(Que escondidos en el pasto
Se escapaban de sus manos).
Y me impregné de esos olores
Mientras me ponía de pie.
y disfruté como entonces
Pleno de Olor a niñez.
Recorriendo esos lugares
Yo recordaba a mi madre,
Con un atado de leña
Caminando mil parajes.
Y picaba por aquí,
Rasguñaba por allá.
Se sentaba por acá
Y sonreía feliz.
Me conversaba y reía.
El lugar se imaginaba,
Sonreía… me abrazaba,
Y soñaba cada día.
Veía paltos, durazneros…
Más allá, unos parronales…
“Al fondo irán los perales,
Un naranjo… un limonero…”
Luego, mi mano tomaba
Y a casa me conducía,
Y qué radiante lucía
Cuando ella se alegraba.
Luego me hablaba de Dios
Y me enseñaba a rezar,
Y comenzaba a cantar
Para alabar al Señor.
Era linda mi viejita.
Transparente como el viento,
Frágil como el pensamiento,
Tierna… pura… chiquitita…
Con su cabeza blanquita
Me enseñaba cada día.
Y lo que soy hoy en día…
Se lo debo a mi mamita.
Ya mis hermanos no estaban,
Pues se iban a estudiar.
Y solo pude disfrutar
De todo el amor que me daba.
Era frágil… pero fuerte.
Era chica… pero grande.
Trabajaba como hormiga
Con la fuerza de elefante.
De todo eso disfruté
Mientras recorría el huerto,
Y me trasladé en el tiempo
Con ese Olor a niñez.
II
Recorriendo esos lugares
Yo recordaba a mi madre,
Con un atado de leña
Caminando mil parajes.
Y picaba por aquí,
Rasguñaba por allá.
Se sentaba por acá
Y sonreía feliz.
Me conversaba y reía.
El lugar se imaginaba,
Sonreía… me abrazaba,
Y soñaba cada día.
Veía paltos, durazneros…
Más allá, unos parronales…
“Al fondo irán los perales,
Un naranjo… un limonero…”
Luego, mi mano tomaba
Y a casa me conducía,
Y qué radiante lucía
Cuando ella se alegraba.
Luego me hablaba de Dios
Y me enseñaba a rezar,
Y comenzaba a cantar
Para alabar al Señor.
Era linda mi viejita.
Transparente como el viento,
Frágil como el pensamiento,
Tierna… pura… chiquitita…
Con su cabeza blanquita
Me enseñaba cada día.
Y lo que soy hoy en día…
Se lo debo a mi mamita.
Ya mis hermanos no estaban,
Pues se iban a estudiar.
Y solo pude disfrutar
De todo el amor que me daba.
Era frágil… pero fuerte.
Era chica… pero grande.
Trabajaba como hormiga
Con la fuerza de elefante.
De todo eso disfruté
Mientras recorría el huerto,
Y me trasladé en el tiempo
Con ese Olor a niñez.
III
Y hoy recuerdo también
Las “Pichangas en la vega”,
Con el Pato, con el Wily,
Con los gritos de la abuela.
“Que esos niños meten bulla,
Que son una pila de vagos,
Que hablan muchos garabatos,
Que jueguen en otro lado.”
La abuela era todo un caso.
Colocolina hasta los huesos.
Y si perdía el Cacique
Había que aguantarle el genio.
De fijo, amanecía enferma,
La bulla le molestaba.
Pobrecitos de nosotros
Si el Colo no ganaba.
Y la pichanga en la vega
Se hacía interminable.
Eran como veinte por lado
Sin contar al respetable.
Una patada muy fuerte
Y un garabato volaba,
Las zancadillas cundían
Y las bromas no acababan.
“Que se calle el chueco Jaime”.”
“Paren al Chico Tunero.”
“Que el Pelao no reclame”
(cayó en la caca del ternero).
Ya la cuenta es lo de menos,
Sólo hay que jugar callados
(p’a que no reclame la abuela,
Si no, estamos sonados).
De pronto llega la noche,
La luna alumbra muy poco.
Ya hay que darle a lo que venga
Si es pierna, canilla o coco.
El dedo gordo no aguanta
Y hay que ponerse las botas.
Ya se ha acabado el partido,
Pues reventó la pelota.
Alguien pisó una bosta
Y es grande la fetidez.
Recuerdos que hoy afloraron
Con este Olor a niñez.
Cuantos recuerdos afloran
En momentos como estos.
Que están grabados a fuego
Al igual que un viejo cuento.
Mis eternos compañeros
Los caballos siempre fueron.
El Pinta, La Yegua Negra,
La Alazana , que era un cielo.
Más de un golpe me dieron
En traviesas correrías.
Flecha detrás de los toros
En lúdicas niñerías.
“Es hora de encerrar vacas.”
Ordenaba el papá.
Y yo agarraba un cordel
Con la venia de mamá.
Y caminaba el doble
-dos potreros más allá-
Para pillar un caballo
Y las vacas arrear.
Ya forrajeadas las reses,
Y encerrados los terneros,
Me iba a dejar el caballo
A aquel lugar primero.
Retornaba muy cansado,
Pero inmensamente feliz.
El trabajo no era tal,
Era un sueño para mí.
En fin, trabajaba el doble
Con tal de correr un potro.
Pero cómo disfrutaba
Corriendo de un lado a otro.
Recuerdo que una vez
-cabalgando cual vaquero-
Fui a dar a una acequia
(Y cojeé un mes entero).
Mi mamita no lo supo.
Tuve que disimular,
Pues si llegaba a saberlo
No me dejaba montar.
Cuando ella no miraba
Trataba de caminar.
Tenía que hacerme el loco
Y no hacerme notar.
Hay… qué viejas añoranzas
De hermoso tiempo que fue.
Con olor a campo lindo…
Con fuerte Olor a niñez.
Me paré frente al canal.
Cerré los ojos y volé.
Junto a unos viejos trenes
Recordaba mi niñez.
Y fue todo desde el comienzo,
Basural tras basural
Buscaba latas de sardina
Que luego comenzaba a atar.
Una tras otra, y en línea,
En rieles imaginarios,
Recorría los caminos
Silbando como canario.
Unos cargados con tierra,
Otros con gran mineral
En piedras de mil colores
Para los carros llenar.
Una que otra breva chica,
Con cuatro palos igual,
Era el rebaño de ovejas
Que llenaba un coche o más.
Y si la breva era grande
Ya no había más que hacer.
Era el ganado vacuno
Que llenaba el viejo tren.
Tenía que hacer corrales
Para el ganado guardar,
Porque quizá en un descuido
Se podrían escapar.
Había que hacer galpones
Con pedazos de cartón,
Para proteger la carga
Del viento o un chapuzón.
Tardes enteras pasaba
De estación en estación,
Hechas de lata o cholguanes,
Con varilla y con cartón.
Ahí tomaba otros carros
O cambiaba de ramal,
Arriesgando un accidente
Por la orilla del canal.
Eran lindas esas tardes
Disfrutando en soledad.
Y eran hermosos mis trenes
Que me hacían soñar.
Volaba mi imaginación
Tras la montaña o el mar,
Hasta allá llegaban mis carros
A buscar el mineral.
De pronto un grito llegaba
De mi vieja o del papá,
Y había que esconder los trenes.
De seguro me iban a mandar.
De todo eso me acordaba.
De mis carros y mi tren,
De ganado y minerales…
De ese Olor a niñez.
IV
Mientras volvía a la casa
Recordaba a la mamá.
Cuánto inútil sufrimiento
Se tenía que llevar.
No sé cuántos años tenía.
Acompañando al papá
Me subí a una vieja máquina
Para ayudar a trillar.
Y jugando por la rampa,
Por donde los sacos bajan,
Aún no comprendo cómo
Sentí un dolor en la espalda.
Una persona que estaba
Trabajando en el lugar
Me tomó de pronto en brazos
Al verme a mí sangrar.
Fue un enorme tajo en la espalda
Que atravesó de lado a lado.
Dejó una herida profunda
Y adolorido un costado.
La faena terminó.
Había que regresar.
Ahora el problema era
Cómo explicarle a mamá.
Corrió sangre al por mayor,
Mi polera “se murió.”
Sólo recuerdo, era roja,
Y en sangre se confundió.
Quince días con la faja
Que mi espalda rodeaba.
Quince días o algo más
Que mis juegos extrañaba.
De pronto, no supe como
La pelota me tentó
Y jugando en casa de alto
El demonio se acercó.
Como la casa era nueva
Y ni un mueble tenía
Ahí mismo jugábamos
Con gana y con alegría.
Una pelota que cae
Y voy atento a cogerla.
Sin saber cómo ni cuando
Me fui a dar de cabeza.
Recuerdo que iba cayendo
Con fuerza del segundo piso.
Nunca supe nada más.
El Señor así lo quiso.
No sé cuánto tiempo después
Despertaba en un canal,
En brazos de mi viejita
Que lloraba sin parar.
No sé si alguien me empujó
O sólo fue un parecer,
No supe quien avisó
Ni quien me fue a recoger.
Un sufrimiento tras otro
Tuvo mi pobre viejita,
Un sufrimiento tras otro
Que el recuerdo no me quita.
Pero eso no fue lo único.
Vino el postre final.
Pues llegué al hospital
Con urgencia de operar.
No cumplía los diez años
Y ya me corrieron tajo
De una rebelde apéndice
Que me sacó del relajo.
Una semana completa
Me acompañó mi viejita
Haciendo esfuerzos sobrehumanos
Para acompañar “la guagüita”.
Me tenía en pensionado,
Pues dejarme nunca quiso.
Y cuidó mi enfermedad
Con esfuerzo y con cariño.
De dónde sacó la plata
Para pagar tanto dinero,
No lo supe ni sabré,
Pero lo hizo con esmero.
Así mi pobre viejita
Sufrió una y otra vez.
Por este hombre que hoy llora
Con este … Olor a niñez.
Anónimo


Nació a fines del 2007 ó 2008, a raíaz de un paseo al viejo huerto de mi casa. Y allí, sentado comenzaron los recuerdos, que al llegar de nuevo a mi casa comencé a escribirlos. No hay fantasías, son vivencias y recuerdos de mis viejos, mis hermanos y sus amigos. Y, por supuesto mis sueños.
Hay sólo un detalle. Esta versión quedó mál escrita, no sé por qué. El poema original, tiene además, imágenes distintas, entre ellas una de mi vieja, La Florita.
Qué bueno que les haya gustado.
NO SE CUANDO ESCRIBIERON EL POEMA ´´CON OLOR A NIÑEZ´
PERO ME GUSTO MUCHO .FELICITO A QUIEN LO HIZO.